Si es sorprendente que vengamos soportando tantos años de privilegios y privilegiados, aún lo es más que estos pretendan perpetuarlos.
Pero es del todo inexplicable que la mayor parte de la plantilla, la más perjudicada, permanezca impasible ante esta situación, no tome conciencia y no responda en lo individual y en lo colectivo contra quienes lo han originado e instituido. Quizá llegó el momento de restablecer la igualdad…
El atropello de derechos y dignidad que la gran mayoría de la plantilla viene soportando con inexplicable resignación no ha venido solo de los políticos sino, peor, también de los que dicen ser “compañeros”.
Años, y hasta décadas, de permanencia en un turno y/o en una Unidad sin la mínima posibilidad de variar, de especializarse, de diversificar. Solo posible para los que tienen una buena agenda de contactos.
Mientras nos sometieron a la mayoría a este eterno confinamiento, se creaba una variada “sopa de letras de servicios especializados”, al margen de la RPT, cubiertos con nocturnidad, alevosía y arbitrariedad entre predilectos conocidos.